sábado, 13 de febrero de 2021

La vida en ferrocarril

Un «tren rápido» es la vida
que tiene su horario aparte.
¿Qué nace el hombre? Pues parte
de la estación de salida.
     Luego el niño va creciendo
y va la marcha apretando,
que le hace descarrilar.
     Si es de rostro encantador
y de aire fino y simpático,
entra sin «freno automático»
por los «rails» del amor.
     Y quiere que en mutuo afecto
se unan sus dos corazones,
y que sean dos «vagones»
que vengan en «tren directo»,
     Se hace despilfarrador
y enemigo del ahorro,
reclama un «tren de socorro»
de padre, tía o tutor.
     Muchas veces suele entrar
por los carriles del bien,
y entonces para el tren
en la estación de «Casar».
     Y al ponerse en marcha luego,
va el hombre mucho mejor;
la mujer carga el vapor
y la suegra atiza el fuego.
     Entre curvas y rabazos,
«túneles» de desventuras,
que es cuando el hombre va a oscuras
y teme hacerse pedazos,
     Llega al fin el «disco» a ver
de la última estación,
que ya se acabó el carbón,
y parar es menester.
     Es su marcha más incierta,
y diciendo «me despido»,
lanza el último silbido
y pasa a la «vía muerta».
     Esta es la vida: un «vagón»
con su «máquina-piloto»;
mucho humo, mucho alboroto
y luego… plaf… la explosión.

 

RAFAEL GARCÍA Y SANTISTEBAN

Publicado en La Actualidad (Diario de Pontevedra)  5 octubre 1895

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