que tiene su horario aparte.
¿Qué nace el hombre? Pues parte
de la estación de salida.
Luego el niño va creciendo
y va la marcha apretando,que le hace descarrilar.
Si es de rostro encantador
y de aire fino y simpático,
entra sin «freno automático»
por los «rails» del amor.
Y quiere que en mutuo afecto
se unan sus dos corazones,
y que sean dos «vagones»
que vengan en «tren directo»,
Se hace despilfarrador
y enemigo del ahorro,
reclama un «tren de socorro»
de padre, tía o tutor.
Muchas veces suele entrar
por los carriles del bien,
y entonces para el tren
en la estación de «Casar».
Y al ponerse en marcha luego,
va el hombre mucho mejor;
la mujer carga el vapor
y la suegra atiza el fuego.
Entre curvas y rabazos,
«túneles» de desventuras,
que es cuando el hombre va a oscuras
y teme hacerse pedazos,
Llega al fin el «disco» a ver
de la última estación,
que ya se acabó el carbón,
y parar es menester.
Es su marcha más incierta,
y diciendo «me despido»,
lanza el último silbido
y pasa a la «vía muerta».
Esta es la vida: un «vagón»
con su «máquina-piloto»;
mucho humo, mucho alboroto
y luego… plaf… la explosión.
RAFAEL
GARCÍA Y SANTISTEBAN
Publicado en La Actualidad (Diario de Pontevedra) 5 octubre 1895

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