martes, 15 de diciembre de 2020

En el interín

 

En el convento del Carmen
que había en no sé qué pueblo,
gozaban todas las monjas
del estado más perfecto
y de la mejor salud
que se gozó en aquel tiempo.

Rodeado el edificio
de ameno y alegre huerto,
envidiado por lo alegre
y ensalzado por lo ameno,
recostado al pie de un monte,
que lo amparaba del viento,
próximo a una pobre aldea
se alzaba el gótico templo.

No se guardaba  memoria
desde el más remoto tiempo,
de que la comunidad,
no gozara, con exceso,
de buena salud, y es fama,
que las monjas no tuvieron
ni un mal bochorno en verano,
ni un mal catarro en invierno.

 Una noche en que las madres,
después de acabar sus rezos,
cansadas se dirigían
al duro y angosto lecho,
llegó la madre priora
poniendo el grito en el cielo
demudada la color,
y a grandes voces diciendo:
–¡Pronto! ¡pronto!... ¡Vengan todas!
¡que se muere sor Remedios!

¡Qué de voces, qué de gritos,
qué de lloros y lamentos!
¡Qué de sustos y carreras!
¡Qué escándalo en el convento!...

 Corriendo a todo correr
escapó el demandadero,
y volvió con gran presteza
acompañado del médico.

Tomó este el pulso a la enferma,
la mira la lengua luego,
y pluma y papel tomando
dijo: – “Cuando traigan esto,
que la den dos cucharadas
de jarabe. De alimento
tome una taza de caldo
con una yema de huevo.
Una píldora a las doce,
y si repite el acceso,
dénle una untura en el ínterin,
pues la calmará el ungüento.”

 Se calmó la monja un rato,
pero a los pocos momentos
dijo, dando grandes voces:
–Madre priora, ¡me muero!...

Ni el jarabe, ni las píldoras,
ni el poquito de alimento,
la sirvieron para nada,
y las monjas, viendo aquello,
apelaron a la untura:
–¿Y en dónde se la daremos?–
dijo la madre priora.
–¡Dios ponga en mis manos tiento!
–En el ínterin, ha dicho,
antes de marcharse, el médico.

Y las monjas preguntaban:
–¿Hacia que lado del cuerpo
caerá el ínterin? ¡Dios mío!...
Y empezaron los lamentos,
los gritos, las confusiones,
las lágrimas y los rezos,
y a poco la monja muere
si no llega a tiempo el médico,
pues ninguna de las madres
llegó a enterarse de cierto
el sitio en donde tenía
el ínterin, Sor Remedios.

 MANUEL PASO

Vida Galante, nº 2. Barcelona  13 de noviembre de 1897.


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